LA ADAPTACIÓN
Y LOS PRINCÍPIOS BÁSICOS
DEL ENTRENAMIENTO DE UN PERRO ATLETA.

Desde hace ya algunos años se
vienen escribiendo artículos sobre cómo
se puede y se debe entrenar a un perro (Beltran, O.2001).
Sin embargo muchos de estos artículos no diferencian,
a la hora de basar el entrenamiento, ni la raza, ni
en ocasiones la especialidad que practica. ¿Se
entrena igual un maratoniano que un corredor de 100
m.l.? ¿tienen la misma constitución física?,
estamos todos de acuerdo en que no. Desde nuestro punto
de vista, lo que si existe, son unos principios o aspectos
generales al entrenamiento de cualquier animal, como
son el Síndrome General de Adaptación
(SGA) y los principios del entrenamiento deportivo.
Por otro lado, como decíamos, aspectos como los
métodos, los medios y los lugares de entrenamiento
no tendrán nada que ver dependiendo de la raza
del perro a la que nos estemos refiriendo y por supuesto,
a la especialidad en la que compite.
Hecha esta pequeña introducción,
cabría realizar una revisión, de los que
hemos dicho, son conceptos que se manifiestan de la
misma manera en todos los animales, incluido el hombre
Es el proceso mediante el cual el organismo
recupera o restablece el equilibrio tras haber sufrido
un estímulo o carga, en forma de movimiento,
estando dispuesto o preparado para un estímulo
superior al anterior (siempre y cuando se deje el tiempo
suficiente de descanso), conociéndose como supercompensación
(Fig.1).
De este concepto se derivan las
adaptaciones que se producen en el campo del entrenamiento
deportivo. Estas adaptaciones pueden ser:
ADAPATACION INMEDIATA: Se produce tras
un esfuerzo puntual que genera un supercompensación
rápida, que permite en la siguiente sesión
repetir el esfuerzo de iguales características
al que produjo la adaptación anterior.
ADAPTACIÓN A MEDIO PLAZO: Se
produce tras una serie sucesiva de estímulos.
Se puede utilizar para que se produzcan durante un periodo
de tiempo más largo, por ejemplo 3-4 semanas.
ADAPTACIÓN A LARGO PLAZO: Es
la que aparece tras un periodo de tiempo que puede llegar
hasta un año o mejor dicho una temporada atlética.
Debe quedar claro que el organismo mejora siempre que
se siga sometiendo a este a un esfuerzo, ya que si pasado
un tiempo no se ha producido dicho esfuerzo el organismo
volverá a situarse en el estado inicial e incluso
por debajo (Fig. 2).
Por otra parte, si no dejamos un
descanso adecuado para realizar el próximo entrenamiento,
o incluir la próxima carga, el animal se irá
"sobrecargando" de entrenamientos hasta que
entre en fatiga crónica (Fig.3).
Al Incluir un entrenamiento antes
de la recuperación del anterior esfuerzo el organismo
no recupera y por tanto no se produce el efecto deseado
de supercompensación. Por
otro lado, debemos tener en cuenta que si las cargas
que utilizamos para nuestros animales son siempre las
mismas, llegará un momento en que el organismo
se adapte a ellas y la mejora sea mínima. Ejemplo,
si realizamos a nuestro galgo 7 km a trote los primeros
días mejoraría pero llegado un punto se
adaptaría y lo único que haríamos
sería mantenerle la forma, pero no mejorarla.
Por tanto de este primer concepto de
adaptación, se podrían derivar dos conclusiones
para que nuestros animales mejoren con el entrenamiento.
Para que exista mejora debe haber un aumento gradual
de las cargas de entrenamiento.
Para que exista mejora, de la misma forma, hay que dar,
sin pasarse, el suficiente tiempo de recuperación
entre carga y carga.
Estas dos conclusiones son más fáciles
de llevarlas a cabo con los seres humanos, ya que estos
nos pueden transmitir sus sensaciones y ponernos en
conocimiento de cuál es su estado en cada momento,
sin embargo y a pesar de que los perros no pueden hacerlo,
podemos obtener índices indirectos que nos den
una valoración muy aproximada de su estado y
de si el entrenamiento previsto está dando los
resultados apetecibles. Me estoy refiriendo a índices
como la frecuencia cardiaca de reposo o la temperatura
corporal. El análisis de estos factores tal vez
ocuparían un artículo posterior.
Cuando hablamos de los medios y métodos
del entrenamiento nos estamos refiriendo al qué
hacer con nuestros canes, es decir, a las cargas diarias
que utilizamos para que mejoren. Sin embargo cuando
hablamos de los principios del entrenamiento nos estamos
refiriendo al cómo usar racionalmente dichos
métodos. Aunque cada uno de los principios exigiría
un análisis más profundo, a continuación
haremos un pequeño esbozo de cada uno de ellos,
con ejemplos que ayuden a conocerlos mejor.
Para que se produzca adaptación es necesario
someter a los sistemas del organismo (respiratorio,
cardiovascular, etc) a un estímulo o carga suficiente
para que este reaccione y supercompense el estado inicial.
Si un galgo está entrenando diariamente
12 km a una velocidad media de 25 km/h, un entrenamiento
de 2 km a 15 km/h no le supondrá ningún
estímulo y por lo tanto su nivel de mejora será
nulo. Esto es lo que se llama el umbral de excitación
y no es más que el nivel de carga mínimo
por debajo del cual no se produce mejora.
A medida que el organismo va mejorando,
mediante la adaptación, las cargas deberán
ir incrementándose, pero este incremento no tiene
porque ser solo en cantidad sino que también
puede ser en calidad (aumentando la intensidad de las
cargas) o en densidad (aumentando el número de
cargas diaria o semanalmente).
Este principio tiene que ver más
con la monotonía del entrenamiento que con la
carga en si. Pongamos un ejemplo, si a nuestro perro
le realizamos los paseos diarios por el mismo sitio,
llegará un momento que dicha carga no supondrá
ninguna motivación, mientras que si variamos
el lugar de entrenamiento y por supuesto el tipo de
carga (como puede ser aumentar y disminuir el ritmo)
supondrá un aliciente extra que beneficiará
a buen seguro el entrenamiento.
Este principio sería muy extenso
de desarrollar, pero realizando una análisis
muy simplificado consistiría en adecuar la recuperación
a la carga realizada. Es de dominio público que
si hemos hecho una sesión muy fuerte con nuestro
perro atleta la recuperación de ésta será
larga, sin embargo, debemos tener en cuenta que los
entrenamientos son personales e individualizados. Lo
que para un ejemplar es un entrenamiento muy suave para
otro puede ser una carga muy dura y viceversa. Para
ello debemos tener en cuenta variables externas como
pueden ser la temperatura ambiente, estado del terreno,
edad del can, etc.
Cuando se interrumpe un entrenamiento
por la circunstancia que sea (lesión, celo del
animal, gestaciones, etc) se produce una recesión
de los efectos que se han ido obteniendo a lo largo
de dicho entrenamiento. Esta pérdida será
de diferente forma dependiendo de la capacidad o cualidad
física de la que estemos hablando. Por ejemplo,
se tardará más en perder la resistencia
aeróbica que la anaeróbica ya que la primera
exige un mayor tiempo de adaptación para el organismo.
El proceso de entrenamiento debe estar
sometido a una serie de fases, en cada semana, mes,
año y vida atlética del animal. En función
de dónde nos encontremos el tipo de entrenamiento
será diferente. Aquí debe estar el arte
del preparador, el cual deberá de saber cuando
aumentar o disminuir la carga en función de las
fechas en las que desea que su perro brille y llegue
a la competición en plenas facultades.
Es muy común en el mundo de los
galgos de campo que sus preparadores a medida que se
acerca el periodo de competición aumentan las
cargas, lo cual, para lo único que sirve, no
es solo para que el animal no mejore sino para que se
encuentre sobre-entrenado y saturado de cargas, suponiendo
en un alto porcentaje de casos el fracaso rotundo. El
proceso de entrenamiento debe estar estudiado previamente
y calculado para que en las fechas elegidas nuestros
perros estén en el nivel requerido, otra cosa
es que este no nos de resultado y tengamos que experimentar
con otro proceso.
De este último principio ya hemos
dejado entrever algo en el principio de relación
carga-recuperación. De la misma forma que los
animales responden de diferente manera ante las enfermedades
y los medicamentos, lo hacen ante el entrenamiento.
Por todo ello las cargas de entrenamiento deben adaptarse
a las características individuales de nuestros
"atletas" , para ello debemos tener en cuenta
aspectos como:
Herencia: Tamaño, biotipo, etc.
Maduración: Unos animales maduran antes que otros
con la misma edad.
Alimentación: Unos pueden estar mejor alimentados
que otros.
Actividad diaria: Unos animales son más activos
y nerviosos que otros y eso les puede afectar a la hora
de entrenar o recibir la carga.
Capacidad de entrenamiento: Hay perros que son capaces
de "tragarse" el entrenamiento, sin embargo
hay otros que a pesar de tener mucha clase son más
frágiles y tienen dificultades para realizar
volúmenes altos de entrenamiento.
Con este artículo se pretende acercar la teoría
del entrenamiento al mundo de los perros atletas. No
es más que una síntesis de estos dos aspectos,
haciéndolos confluir y llevándolos a las
personas que nos dedicamos a este particular arte, que
es entrenar a perros atletas.
Oscar Hernández Zarzuelo
Licenciado en la Facultad de Ciencias de la
Actividad Física y el deporte. Granada.
Entrenador Nacional de Atletismo.
Juez Regional de Carreras de galgos en Campo.
Ohz@latinmail.com
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