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MONOTORIZACIÓN DEL ENTRENAMIENTO DEL GALGO DE CAMPO
 
Oscar Hernández Zarzuelo
Licenciado en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (Granada)
Entrenador Nacional de Atletismo
Juez Regional de Carreras de galgos en Campo.
 
            Desde que a principios del S. XX comenzaran en España las competiciones del galgo de campo, éste animal comenzó a entrenarse, por sus propietarios, como lo haría cualquier deportista para su competición. Sin embargo, ese sector de preparadores fue y sigue siendo, muy reducido en el mundo de los galgos. Es cierto, que el número de aficionados que entrenan sus galgos, es cada vez mayor, pero también es cierto que se hace con mucha ilusión y dedicación, pero con poco rigor científico. Hay pocos preparadores que utilicen los medios y submedios que nos brinda la teoría del entrenamiento para preparar a sus atletas galgos, lo cual puede tener una doble lectura. Por un lado, la falta de información o preparación al respecto para llevarlos a cabo y por otro, la tendencia tan arraigada en esta bendita afición, de dejar todo el peso del éxito en la base genética del animal, y por tanto en las cualidades heredadas de sus progenitores.
            Podemos afirmar que estamos ante un deporte anclado, en algunos aspectos, en el S.XV (como aquel que es capaz de ahorcar o abandonar al animal que ha compartido con él mil y una jornadas). En lo que se refiere a la competición y al entrenamiento de nuestros galgos, pasa un poco lo mismo, ya que la mayoría prepara sus ejemplares, como lo hacían los zapateros del S. XVIII, en Inglaterra, para ganar las apuestas que hacían con los burgueses de la época. Con esto, podemos intuir, que este apartado de la preparación del galgo de competición, puede mejorar sensiblemente en el futuro y con ello la calidad de los lebreles.
            Volviendo al factor genético, no podemos obviar, que dicho factor, es clave para que un galgo corra más o menos, pero en igualdad de condiciones genéticas, no debemos olvidar que ganará siempre el que mejor preparado esté; entendiendo por preparación, la psicológica, técnica, táctica, física y biológica. Sobre todo estas dos últimas, de las que hemos hablado largo y tendido en artículos anteriores.
            Como decíamos, la mayoría de los galgueros confían únicamente en la genética y tientan a la suerte a la hora de competir, lo cual en la mayoría de los casos conlleva el fracaso, con el agravante de haber tenido en sus manos un portento en lo que a cualidades físicas se refiere. A este respecto, surge siempre la pregunta ¿El galgo nace o se hace?; en mi modesta opinión el galgo competidor es la suma de dos factores que englobarían a otros muchos:
 
-          Por un lado el cuadro genético que haya heredado de sus progenitores y que son los que al fin y al cabo le van a dotar o no para la competición. Que esté dotado para la caza no significa que pueda ser un buen competidor, hay animales que matan un montón de liebres a lo largo de la temporada pero no han valido para la competencia por causas como ensuciarse con facilidad, ser muy blandos de huellos, no disponerse a ir en traílla, etc. Por tanto a la hora de seleccionar los progenitores debemos recapacitar sobre todos estos aspectos.
-          Por otro lado estaría, el “trato” que el preparador le da a su pupilo durante el entrenamiento y la competición, entendiendo por trato, el trabajo físico, la recuperación, la alimentación, el bienestar, etc
 
El tanto por ciento en importancia que se le puede asignar a estos dos factores, es algo subjetivo que puede ser muy discutible, pero que de nuevo, en mi modesta opinión, podría asignar un 75% para el primero y un 25% para el segundo.
Como hemos dicho ya en otros foros, con respecto al primero de los factores podemos intervenir, de momento muy poco, ya que los avances en ingeniería genética van tan deprisa que  no debemos descartar que en breve podamos clonar o mutar ejemplares de la calidad de Tara, Tormenta, Salada, Poderosa, etc.
Sin embargo, el segundo factor, no solo no puede, sino debe ser la base del éxito del preparador. Hay aficionados que aún piensan que existen medios o métodos milagrosos de preparación y con indagar y descubrir la receta, tenemos más de la parte de la carrera ganada. A ellos les pediríamos, que no pierdan el tiempo en dichos pensamientos y se preocuparan por conocer las leyes y teorías del entrenamiento desarrolladas en humanos o en otros animales de competición como son los perros de trineo, los de agility, los de salvamento, los caballos, etc, dándoles después la especificidad que nuestro deporte requiere.
 
            El presente artículo tiene como finalidad controlar de forma ordenada, cuantitativa y eficaz un montón de factores que nos pueden ser útiles para conocer cuál es el estado físico y de salud de nuestro animal. En muchas ocasiones y cuando las cosas no van como se habían previsto o intuido en un principio, echamos la culpa a factores externos que nada tienen que ver con nuestro animal o nuestra forma de cuidarlo (no descansó bien, el viaje la ha machacado, ayer no bebió agua, etc, son algunos de los pretextos que tanto nos suenan a los galgueros cuando nuestros ejemplares no han corrido como teníamos previsto). Sin embargo estamos convencidos, que en la mayoría de las ocasiones, esa disminución del rendimiento tiene una explicación más sencilla o por lo menos mucho más rigurosa.
 
            A continuación presentamos una tabla (realizada en Excel, de fácil fabricación para cualquier persona con conocimientos básicos de informática) en la que se enuncian a su vez una serie de índices o factores de fácil control para el entrenador del galgo de campo y que pueden resultar de gran utilidad para monitorizar el entrenamiento y conocer día a día, cual es la evolución de nuestro animal, así como poder cuantificar de forma fiable los medios de entrenamiento utilizados y la intensidad y densidad de los entrenamientos del atleta canino.
            Cada uno de los datos que comentaremos nos van a dar información de cuál es el estado de forma y de salud de nuestro animal, sin necesidad, de realizar controles que son más invasivos y molestos para el galgo, como puede ser una análisis de sangre. Interpretar la evolución de cada uno de estos factores escrupulosamente, resultaría prácticamente imposible explicarlo en este breve artículo, pero a groso modo hay variables que su evolución es índice inequívoco de un estado de forma o de un estado de salud. A continuación describiremos los índices y haremos un comentario sobre su evolución en el tiempo.
 
 
 
 
EXPLICACIÓN DE LOS ÍNDICES DE PERCEPCIÓN
 
 
Percepción del estado general (B,R,M): Consiste en una valoración subjetiva que el preparador hace del animal al verlo. Todos tenemos una impresión del estado general del galgo al ver al animal cuando llegamos al lugar donde se encuentra. Está demostrado que este tipo de valoraciones puede ser muy útiles en la monotorización del entrenamiento de un atleta, en este caso del perro. Una de las cosas en las que podemos fijarnos al llegar a la cuadra es en las heces, para comprobar que son normales como el resto de los días. El estado general puede valorarse como Bueno, Regular o Malo.
Una valoración positiva en el tiempo puede hacer que estemos tranquilos, siempre y cuando el resto de variables estén correctas. Este índice lo debemos comparar y analizar siempre con la recuperación del entrenamiento, peso y la temperatura rectal.
 
Realizó entrenamiento (1/0): Simplemente constatar si realizó o no entrenamiento, si lo hizo anotaremos 1 y si no se realiza anotaremos 0. Nos servirá para calcular la densidad de los entrenamientos al finalizar el mesociclo (el mes) o el macrociclo (la temporada de competición). La densidad de entrenamientos se va a cuantificar en días, es decir si hemos hecho en 30 días 15 entrenamientos la densidad de entrenamiento de ese mesociclo será de 0,5 entrenamientos/día.
 
Km realizados: Numéricamente poner el número de km realizados en el entrenamiento. Automáticamente se irán sumando para dar un total en el mesociclo y posteriormente en el macrociclo anual. Con ello conseguiremos constatar a ciencia cierta cuántos km hemos realizado a nuestro can, y con ello poder corregir o no en temporadas venideras. Este valor es muy importante para saber el volumen de entrenamiento de nuestro animal y con él poder garantizar la resistencia aeróbica, lo que recaerá en una mejor recuperación y un aumento en la duración del estado de forma. Para que se hagan una idea, un mediofondista de élite (con esfuerzos muy parecidos al de nuestros galgos), como puede ser Fermín Cacho en su día o Reyes Estévez en la actualidad, realizan una media anual de 170 km semanales. 
 
Intensidad del entrenamiento (MA, A, M, B, MB): Con ella, pretendemos que el preparador de una índice cualitativo al entrenamiento. En función del número de Km y su velocidad o aspectos concretos del entrenamiento como puede ser la temperatura ambiente, el estado del terreno, etc; daremos una valoración de la intensidad del entrenamiento de Muy Alta, Alta, Media, Baja o Muy Baja. Este valor le debemos de tener en cuenta para regular el entrenamiento, comparándolo con otros tres, que son, la temperatura rectal, el peso y la recuperación post-entrenamiento. Cuando hayamos calificado la intensidad del entrenamiento como de Muy Alta o Alta, debemos de tener en cuenta, nada más finalizar el mismo, la recuperación y comprobar que el animal se recupera más o menos como el resto de los días. A las 24-48 horas debemos comprobar que el peso se mantiene estable y que la temperatura rectal no ha aumentado ni siquiera en unas décimas. Si advertimos que al menos dos de éstos aspectos se modifican, debemos disminuir la intensidad del entrenamiento bruscamente o incluso suspender el entrenamiento hasta que estos índices alcancen valores normales.
 
Recuperación postentreno (B,R,M):Si podemos controlar pulsaciones a diario sabremos las que nuestro animal tiene en estado de reposo y por tanto podemos conocer si ha recuperado bien o mal. Si 10 minutos después del esfuerzo ha recuperado las pulsaciones de reposo, podemos decir que recupera correctamente. No confundir la Frecuencia Cardiaca de Reposo con la Frecuencia Cardiaca Basal ésta última sería la que el animal presenta nada más amanecer, cuando todavía no ha realizado ningún tipo de esfuerzo, mientras que la de reposo es la que presenta a lo largo del día. Si no disponemos de un pulsómetro, daremos una valoración cualitativa (desde nuestro punto de vista), de cuál ha sido la recuperación del animal: Buena, Regular o Mala. Cuando hemos calificado de mala la recuperación, debemos controlar en la próximas horas, la temperatura rectal, ya que salvo que se trate de un claro síntoma de enfermedad supondrá un exceso de intensidad o volumen de entrenamiento. Cuando observemos que éste valor mejora a lo largo de los días, es un claro índice de que la puesta en forma de nuestro animal mejora y por tanto vamos por el buen camino del entrenamiento.
 
Peso: Simplemente reflejar el peso del animal. Si se le pesa todos los días nos dará al finalizar del mesociclo una media exacta del peso del animal. Debemos de conocer cuál es el peso ideal de nuestro animal. Todos podemos intuir cuándo nuestro galgo está en su peso ideal con un margen de más menos 500 gramos. Los ejemplares jóvenes tienen menos problemas para controlar el peso ideal, mientras que los ejemplares de mayor edad tienen más dificultades, ya que tienen una mayor tendencia a acumular grasas en el tejido adiposo. La pérdida del 2-5% del peso puede ser un claro síntoma de deshidratación.
 
Temperatura rectal: Indicaremos con décimas la temperatura del animal. Este valor debemos tenerlo siempre más o menos controlado, para cuando exista un aumento inexplicable, poder compararlo con los índices que veíamos antes. Un aumento leve de la temperatura corporal unido a una carga intensa el día anterior y a una mala recuperación debe interpretarse como que el animal no ha asimilado correctamente la carga en cuestión y debemos dar un mayor tiempo de descanso antes de proseguir con el entrenamiento. Sin embargo si su temperatura, recuperación y peso se mantienen estables hay que pensar que todo va como se tenía previsto. Por supuesto que si hay un aumento exponencial de la temperatura, debemos de pensar en un problema de salud, como puede ser el ataque de una bacteria, mioglobinuria,  golpe de calor, etc
 
Desparasitación (si/no): Si ha sido o no desparasitada o esta bajo la influencia de la desparasitación debemos de apuntarlo, ya que según veterinarios del galgo de campo, el animal se encuentra bajo los efectos de este medicamento entre 8 y 15 días y por tanto es normal que su rendimiento disminuya en ese espacio de tiempo. En este intervalo debemos someter al animal a un esfuerzo mucho más moderado e intentar que no compita.
 
Ubrada (si/no): Para poner afirmativo la perra debe estar en los 100 días siguientes a la fase de estro. La pseudopreñez en la perra supone un gran número de cambios hormonales que modifican la aptitud y la actitud de la misma hacia el ejercicio. Por tanto en los 100 días siguientes a la fase de estro, las galgas, con desigualdad entre ellas, presentarán dificultades para asimilar el entrenamiento y pos supuesto para rendir a un tanto por ciento alto de sus posibilidades. La experiencia nos dice, sin embargo, que debemos seguir trabajando diariamente con ellas aunque a una intensidad más baja.
 
Tipo de alimentación: Si es Pienso comercial, Carne cruda, Carne Cocida, Pan, Variada de las anteriores. Si utilizamos siempre la misma alimentación este factor no tendría sentido apuntarlo, sin embargo, si la alimentación fuera más heterogénea deberíamos constatar diariamente qué tipo de alimento ha ingerido, para en caso de no poder buscar respuestas en otros factores, buscarlas en la alimentación. Si comprobamos que siempre que el animal ingiere un alimento, al día siguiente el entrenamiento y la recuperación son negativas, debemos recapacitar sobre la cantidad o calidad del mismo.
 
 
Ejemplo de doce días de entrenamiento, en la ya conocida “Salada”. Vemos, en primer lugar, que la percepción del preparador los días 7, 8, y 9 no fue buena, lo cual se corresponde objetivamente en los días previos, con un exceso de entrenamiento a alta intensidad, una recuperación no muy buena, una disminución del peso y como se puede observar, unas décimas de fiebre el día 8, la cual  va remitiendo hasta volver a estabilizarse el día 10. Si no hubiéramos llevado esta monitorización del entrenamiento, podíamos haber inducido al animal a lo que se denomina “sobreentrenamiento” y que no es más que la acumulación de estímulos reiterados sin la pausa suficiente.
Además podemos controlar el número de entrenamientos anuales y el total de kilómetros realizados para lograr la forma deportiva.
 
Para terminar podemos concluir que un control y monitorización de los índices del entrenamiento suponen una herramienta útil al preparador, ya que por un lado controlamos índices que están directamente relacionados con el estado de forma de cualquier tipo de deportista, en este caso el galgo y por otro valoramos aspectos que de forma directa e indirecta nos reflejan el estado de salud de nuestro pupilo.

 

 

 

 

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