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DIEGO DOMÍNGUEZ.
Las temperaturas parecen que empiezan a
remitir algo en estos primeros días de
septiembre. El verano ha sido largo y de
justicia el calor. Son cerca de las siete de
la tarde y entre campos de regadío,
algodones que blanquean, girasoles ya
recogidos, y huertas de naranjas, me dirijo
a entrevistar a una persona muy especial.
Simpatía, constancia, lógica y experiencia
son sus credenciales en esto del galgo. Su
importante palmarés en los últimos años y su
continuada presencia en las últimas fases de
la Copa de Su Majestad el Rey le convierte
en una referencia dentro del mundo galguero
de la competición.
En una preciosa finca de arquitectura
andaluza con finos toques de modernismo
catalán en las rejas, situada al noroeste de
la ciudad de Sevilla nos recibe Diego
Domínguez acompañado por Juan, uno de sus
cinco hijos. Cercas de caballos custodian la
finca y una galga verdina y preciosa viene a
saludarnos. Tras un apretón de manos Diego
dice: “Ahí está, esa es la Bartola”
Su hijo Juan sonríe al ver mi cara de
asombro. Entramos al enorme patio central y
seguimos andando hacia las cuadras, algunos
cachorros absortos en su juego se cruzan por
delante de nosotros, preciosos verdinos y
achocolatados, pero sobre todo sueltos en la
arena y al sol de la tarde retozando sin
parar. En las cuadras Diego me indica que
tiene que acabar de hacerle una ecografía a
una yegua. Mientras comenzamos a charlar:
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Diego Domínguez
Pacheco ¿dónde y cuándo naciste?
Nací en 1957 en Sevilla
¿Y esto de los galgos de dónde arranca?
Creo que aquí si se puede decir eso de
“de casta le viene al galgo”, te comento: en
los años veinte mi abuelo Juan le ganó a mi
abuelo Alvaro en semifinales de la Copa La
Ina, luego le ganó la final al Marqués de
Domeq. En la casa de mi abuelo hubo tres
Copas de La Ina.
Desde luego eso si que son antecedentes.
Caballos y galgos veo que están en perfecta
armonía. ¿Dónde estudiaste?
En la facultad de veterinaria de Córdoba,
mi especialidad es Reproducción animal.
Con una hospitalidad y cortesía
encomiables me invita a ver la clínica de
caballos que posee.
Toda un ala del cortijo está dedicada a
ello, la sala de reconocimiento, el
quirófano, el box de recuperación, pero
sobre todo una gran sala dónde él se dirige
a un microscopio y afirma:
Este es uno sitios dónde yo más alucino y
mejores ratos paso, eso de tener un embrión,
un individuo de 8 días y montarlo en una
pipeta, inseminarlo y que agarre es para mí
todavía un milagro. Poder sacar 10
individuos de una madre y un padre en un año
es algo increíble.
Escucho hablar a un veterinario al que le
brillan los ojos cuando habla de su trabajo.
Anécdotas divertidas sobre su profesión
jalonan la charla mientras nos enseña una
magnífica escalera modernista nos dirigimos
a la parte trasera de la finca. Su carácter
afable y su fino sentido del humor hacen que
Diego sea una persona accesible. Siendo
quién es y teniendo lo que ha tenido no hay
ni un atisbo de soberbia o remilgos en sus
gestos, palabras y afirmaciones. Una gran
persona sencilla y amante de los suyos.
Detrás del cortijo saludamos al encargado
que tiene en la finca, a un cuñado de Diego
y a su hijo.
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Diego ya como veterinario del club que es
lo que dirías a los socios con respecto a la
salud de sus perros.
Pienso que lo más importante de todo es
la desparasitación y la vacunación correcta
de todos los perros que se poseen. Esto es
lo que verdaderamente supone la base de todo
el futuro del galgo. Desde cachorro y con su
edad oportuna esta vacunación es la base
futura de la salud del perro. También hay
que mantenerlos limpios de parásitos tanto
internos , las lombrices y los gusanos, como
externos, pulgas y garrapatas. Yo a muchos
que vienen les digo que les doy mil duros
por cada pulga que vean.
Lo cierto es que parece increíble, para
ser una finca tan grande llena de caballos y
galgos, todo está verdaderamente limpio y
ordenado y esos galgos sueltos que corretean
a nuestro alrededor con un brillo y una
salud soberbios. Diego continúa hablando:
El otro aspecto fundamental y básico es
la alimentación. Ya lo hablamos en la última
Feria internacional del galgo en Quintana.
Los piensos no están todavía bien preparados
para las necesidades de nuestros galgos. Los
piensos de alta energía no están todavía en
consonancia con los galgos. Recuerdo a mi
padre dándoles pan y a veces frito a sus
galgos. Un perro no es un cubo de basura y
menos uno dedicado a la competición o a la
caza.
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Bueno Diego, hablemos de perros, ¿Cómo te
gustan los galgos? ¿Qué tipo de perro
prefieres?
Me gustan las perras largas, grandes y
los machos que no sean grandes y que sean
finos. Galgas fuertes que puedan tener fondo
y que corran. Por ejemplo la Bernarda pesaba
28 Kg, la Guapa 29 kg… perras largas de viga
y con patas.
Ya lo comentaste en la feria de Quintana,
¿de dónde vienen tus perros?
Traen sangre del Rancho de las latas de
Utrera y la “chispita”, como decimos los
galgueros me la dio un perro que era de
Valladolid llamado Laberinto, de ahí sale la
Bernarda. Nunca he tenido medias sangres, ni
he cruzado con ingleses, siempre he criado
con galgos de campo.
¿Crías mucho?
Sólo crio una vez al año de cada perra.
Suelen parir dos o tres perras. De cada
perra me quedo sólo con uno o dos cachorros.
En total pruebo cuatro o cinco cachorros
cada temporada. Cuando los enseño a alguien
me preguntan ¿y los otros? Yo les digo que
no hay más. Se quedan de piedra porque
piensan que en la cantidad está la calidad.
Me quedo con los que más me gustan, los
otros los regalo. La cuadra tiene que ser
pequeña y selecta. La cría indiscriminada
sólo trae dispersión y problemas
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Juan que está con nosotros durante toda
la entrevista comenta con buen juicio:
No te da tiempo verlos bien a todos.
Tenemos como dos equipos: la primera y la
segunda división. En la primera están los
que podrían competir, y en la segunda los
reproductores y jóvenes esperando subir a la
primera división.
Galgos que te han gustado y que no han
sido de tu cuadra.
Por supuesto Clamores de mi amigo Antonio
el Cubano, campeón de España en el 2000, ese
perro era un portento, alegría y tesón tras
la liebre. La Esquiva, subcampeona de
España, a esa perra se le podía haber visto
más. También La Reina de los hermanos Lobato
y que presentaron junto a Sebastián
Callejón, subcampeona de España en Quintana,
todo un derroche de velocidad y fuerza.
Veo que te gustan perros muy rápidos y
fuertes, espectaculares de principio a fin.
Si, porque en esto de los galgos los
milagros no existen. Eso lo tenemos que
tener claro, yo no tengo secretos ni
fórmulas mágicas: mis galgos tienen un
entorno adecuado, un entrenamiento correcto
y una salud de hierro porque se les cuida
bien.
Veo perros viejos, cosa poco habitual en
cuadras de galgueros.
Si me gusta tenerlos hasta el final, si
están bien de salud. Ves ese macho viejo de
pelo casi sedeño, es hijo de Laberinto,
tiene 12 años. Este año tristemente, nos
dejó la Bernarda santo y seña de esta casa.
Ha estado 14 años con nosotros y ese
cachorro negro que nació de cesárea, es su
último hijo.
En el mundo de la competición eres muy
temido por tu condición de veterinario, la
gente desconfía y piensa que les das algo a
los perros.
Si es algo habitual, cuando tras una
carrera que haya ganado, si me ven que voy a
ver la perra, ya directamente digo a la
gente de la cuerda o del ala de caballos,
que a “darle la pastilla”. (Risas.)
Lo cierto y verdad es que hay pocos
galgueros que tengan un equipo tan
competente y compenetrado como el tuyo. Son
inolvidables las fotos de sus hijos lavando
los pies de las perras tras cada lance,
ejemplo absoluto de profesionalidad, amor al
galgo y afición.
Si, incluso a Brenda de los hermanos Sanz
le estuvieron lavando los pies durante el
campeonato.
No quiero dejar de nombrar en esta
entrevista a toda tu familia, tu esposa
Carmen y tus cinco hijos, por orden: Diego,
Juan, Carmen, José María y Joaquín. Todos
vosotros formáis ya parte de las jornadas de
competición y sois ejemplo de deportividad,
buen humor y saber estar.
La verdad es que el camión para ir las
competiciones tiene doble cabina para poder
ir los siete, además de los caballos, las
monturas y por supuesto los galgos.
La tarde vuela y decidimos no hablar,
esta vez, de cargos técnicos, de jueces, ni
de nada por el estilo, lo único que si se
comenta es lo vergonzoso de los últimos
dopajes, y que todavía no se ataje esto de
raíz, ni se sancione adecuadamente. Diego
tiene tanto vivido en la competición que
tendríamos carrete para rato. Añade un par
de reflexiones que no quiero dejar en el
tintero, por lo acertado:
Sólo decir que sería bueno que todos los
jueces y cargos técnicos en general,
hubieran criado y preparado, al menos, un
galgo de competición en su vida, muchos no
lo han hecho. Estoy seguro de que la cosa
cambiaría. Criar dos años a un animal para
que luego te lo suelten cara a un perdedero,
provocando liebres nulas, es desolador y
machacante para el perro y su dueño. Eso son
las cosas que afean este deporte. Uno se
queda con la duda de si es ignorancia o mala
fe, en cualquier caso, la cosa es tan lógica
que en cualquiera de los dos supuestos ese
cargo técnico debería ser automáticamente
sancionado dejando su puesto a alguien más
lúcido y preparado. Estas son las cosas que
junto con los malos juicios que a veces se
dan las que sacan de quicio a más de un
aficionado. Cuando se valora mal, los
juicios suelen ser muy parciales, porque se
suele tener en cuenta casi siempre sólo el
último pase. Hay algunos que se olvidan de
que en campeonato se valora por puntos y el
perro que para la liebre y le va pegando ,
ese es bueno, el que va puntuando. No sólo
le facilita mucho al otro las cosas, que
además luego con suerte mata la liebre; no
es una simple carrera de resistencia.
Espero que estas palabras no caigan en
saco roto.
Con tanta charla el sol comienza a bajar.
Diego no ha dejado de mirar el termómetro
que ya marca 28º Sin dudarlo me dice:
Te quedas con nosotros a entrenar, a ver
la fórmula secreta ¿no? En Inglaterra los
perros no corren si la temperatura no está
por debajo de los 23º. Este mes de agosto
han salido sólo tres veces, la gente no me
cree cuando les digo que los entreno bien y
“a tope” hasta mayo y luego en verano los
paro. Sólo si no hace calor, los saco.
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Nos dirigimos a las perreras. Le digo a
Diego la rabia que siento al ver el búnquer
y las alarmas que tiene que tener. Como a
casi todos le han robado cinco veces,
incluso le han entrado en la casa estando
ellos dentro.
El tema de los robos es algo que sólo se
puede atajar no comprando perros sin
procedencia contrastada. Mira la cama de los
perros, de papel triturado, como hacen los
ingleses, es hasta 5º más caliente en
invierno que el heno y no cría pulgas.
Juan silbando llama a todos los perros
que nerviosos acuden esperando ser elegidos
para entrenar hoy. Los va encerrando
ordenadamente. Se quedan fuera dos perras
negras, una blanca y un cachorro negro de
algo más de un año. Hoy entrena un combinado
de la primera y la segunda división. A los
dos adultos le colocan un bozal a cada uno.
Entrenan sueltos.
Nos dirigimos al 4x4 y me siento delante
junto a Diego, consciente de ser un
privilegiado al poder compartir este rato
inolvidable, no sólo por lo espectacular del
paisaje, la luz, los perros, sino por la
buena compañía de un padre y un hijo
galgueros de verdad. El encargado nos abre
la cancela para salir a un camino entre
algodones. Los perros todavía encerrados nos
ven alejarnos, ladran nerviosos. A unos 800m
los sueltan y cuatro saetas velocísimas se
dirigen hacia nosotros, rompiendo el sosiego
del atardecer. Al alcanzar al coche se
colocan delante a un ritmo de galope
endiablado, a veces nos sacan más de 200
metros, en dos ocasiones casi nos pierden.
El sol se va poniendo, los perros sueltos
retozan y de cuando en cuando se bañan en
los canales que jalonan estas estupendas
tierras de regadío. La perra blanca y el
cachorrón que tanto, tantísimo corren son
testigos de cómo la luna llena no deja paso
a la oscuridad, porque el sol se ha puesto
ya. Compruebo que su éxito con los galgos
está en la naturalidad con que los entrena y
los cuida. Son la lógica y la mesura en
todos sus aspectos, las que rigen su cuadra.
Esta “fórmula secreta no tiene precio”,
pienso para mis adentros.
Diego comenta que por esta zona no suele
haber conejos ni liebres, que estas son
noches malas porque si sale algo los perros
ven y se pueden perder. Historias de galgos
llenan el coche y me quedo con dos
reflexiones muy acertadas que me demuestran
que Diego es un galguero íntegro de pies a
cabeza y además un buen profesional. La
primera fue hablando sobre la perra berrenda
que retiró por fractura el último campeonato
en las eliminatorias regionales en el
Castillo de la Monclova. La salud de su
animal está por delante de todo lo demás.
Hoy está recuperada al 100%, si lo ve claro
la vuelve a presentar este año. La segunda
reflexión fue la respuesta a mi “maliciosa”
pregunta de “¿no te da coraje el haber
estado tan cerca de conseguir el campeonato?
“
Eso es cuestión casi de suerte, algunos
pueden decir que han sido campeón de España,
pero nadie más puede decir : yo crié a la
Bernarda.
Esa tajante afirmación y comprobar de
primera mano como padre e hijo disfrutaban
con algo tan secillo como un entrenamiento,
nos hace reflexionar sobre la belleza de
este deporte y de esta bendita afición que
tantas alegrías y desaguisados nos da a lo
largo de nuestra vida.
Tras catorce kilómetros volvemos al
cortijo y nos despedimos. Les agradezco su
hospitalidad y todavía nos quedamos algunos
minutos más charlando de galgos, en pocas
ocasiones se siente un entrevistador tan
cómodo.
Conduzco de vuelta a casa convencido de
que el Club del Galgo Español, ha hecho un
fichaje extraordinario. Estoy más que seguro
que tal como hizo en su día Paco Salamanca,
volvemos a tener un veterinario de lujo para
los socios del club que estará disponible en
el teléfono que habilite el club en horario
de 13,00 a 14,00 horas y de 19,30 a 20,30
horas, de lunes a viernes. Gracias Diego.
Un saludo. Nino Gañán.
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